Después de ver en las flores explosiones de estrellas, lo más natural era cambiar de perspectiva. Mi intuición siempre me ha dicho que al cielo debo mirar, y el cielo nunca decepciona. Hasta ahora, he encontrado varios patrones de flores que se expanden en el cosmos.

La primera que encontré, fue la nebulosa del ojo de Gato en un libro de imágenes del telescopio Hubble, en la sala de mi prima en Bogotá. Eran días grises y tempestuosos, propicios para internarse en el taller, en la meditativa y minuciosa técnica del grabado, como estar en una cueva rodeada del sonido de la lluvia. Tuve la fortuna de imprimir esta placa junto a quién me enseñó grabado en la universidad, mi maestro: Giangrandi. Del movimiento de las ondas de nubes que se expanden como pétalos, la transición de una estado a otro, de una nube a otra, una torsión lenta emergió en los detalles del grabado, la estructura interna de una estrella en explosión brotó como una flor. Estoy en lo cierto, las galaxias crecen como flores. 

A los dos días viajé a Alemania, y encontré la nebulosa del ojo de Dios. Esta vez quise involucrarme con ella de forma corporal, pintarla al óleo, danzar con ella. La pintura es una práctica del cuerpo, que involucra ir y volver, mirar desde diferentes ángulos y perspectivas, contemplar, actuar sobre lo inmediato, dejar ser, alejarse y acercarse, danzar con la pintura. Cuando terminé la nebulosa del ojo de dios ya era otoño, estación de la transición de la vida a la muerte. Sin saberlo, al buscar flores en el cosmos, me encontré pintando estrellas en su fase de muerte, en ese momento de transición, del marchitamiento de la vida. 

Lo que pasa durante y después de este estado en una estrella parece magia, el trabajo minucioso de la química, la alquimia de la vida. Las nubes de polvo producidas por estas estrellas moribundas son el compuesto ideal para la formación de nueva vida cósmica, la placenta perfecta que al encontrarse con nubes densas en el espacio, crean a su paso protoestrellas y planetas, el encuentro de las nubes como amantes. Parece ser más fácil reconocer el ciclo de la vida-muerte-vida en el macrocosmos que en nosotros mismos. Esta transición, la mía, de las flores, las galaxias y las estrellas es bella, cruel, sublime, todo al mismo tiempo. Y el tiempo, cada vez más parecido a una ilusión.

Jena,

Agosto 25, 2026

Nebulosa del Ojo de Gato como Flor

Grabado en punta seca sobre papel de algodón.

Reproducciones: 2

50 x 35 cm.

2025.

Esta nebulosa fue creada por una estrella moribunda que entró en la fase de gigante roja. Al igual que la Nebulosa del Ojo de Dios, las dos estrellas en su fase de muerte, expulsan capas de nubes en forma de flor, un soplo más de color en medio del oscuro espacio. Lo que ilumina el centro de esta Nebulosa y sus distintas capas interestelares, es una enana blanca. En ella, como en una flor, veo reflejado mi cuerpo y su transición por esta tierra. Mi ciclo de vida, relativamente tan efímero como el de una galaxia y una rosa, pero tan infinito como el ciclo de la eterna transformación de la muerte hacia la vida.

Un ojo cósmico revelando repentinamente, los secretos de una muerte transformadora, y de un alma que se dispersa por el universo.


NEBULOSA DEL OJO DE DIOS COMO FLOR

Óleo Pastel

100 x 80 cm

2025

Comencé esta pintura en Septiembre en mi taller en Jena, hacía su entrada el otoño de amarillos y naranjas brillantes . También, comencé una relación con un nuevo ser en la ventana: una pequeña araña que construyó una telaraña sostenida de libros y orquídeas en el punto ideal  donde los rayos del sol la convertían en tornasol todas las mañanas. Ella se mantuvo en el centro de su red por varios días y noches, yo la contemplaba, le hablaba y pintaba la nebulosa del ojo de dios . Un día me levanté y vi que la telaraña ya no estaba, asustada por su ausencia, busqué su rastro y me di cuenta que había dejado un regalo: esa noche deshizo su telaraña para mudar de piel, dejó su caparazón en la ventana para que su cuerpo se expandiera. Conservé su caparazón porque sentí que nuestras vidas habían estado ligadas en ese corto tiempo, y que su mudanza, representó en mi , el símbolo de la transición por la cual yo también pasaba. 

La Nebulosa del Ojo de Dios es una enana roja, muy similar a nuestro Sol, que se encuentra en los últimos instantes de su vida cósmica. Tal vez por eso, su nebulosa despliega nubes de gas y polvo que se abren como los pétalos de una flor en el espacio, últimos pálpitos cargados de vida hacia el cosmos. A veces, también me parece ver en ella, la forma delicada de una pluma de pavo real.