Waqankis Formando un Océano

Óleo sobre lienzo

140 cm x 120cm

2026

“Soy hija de la tierra y el cielo estrellado”

“El estado fetal equivale a una regresión provisional al modo virtual, pre-cósmico, anterior al “alba del primer día”, como dicen los Kadjeri”

“Tras ello deja de vivir en el vientre materno, como vivía antes de su nacimiento biológico, para hacerlo en la noche cósmica, esperando el “alba”, es decir, la creación.” 

Mitos, Sueños y Misterios

 Mircea Eliade  

19 de Febrero, 2026 

Antier, durante la luna nueva y el inicio del caballo de fuego, transporté a Waqanki en el tren de Jena a Leipzig. La veía viajar a través de la nieve y los prados cubiertos de esa sutil blancura. Ese día escribí que me gusta cerrar los ojos y sentir cómo la nieve acaricia mi rostro lentamente. Muchas personas se sentaron cerca de ella; algunas me sonreían al verla, otras me hablaron movidas por la curiosidad de saber quién estaba detrás de esa imagen.

Hoy, en medio de la sutileza del invierno que tanto conmueve a los seres tropicales como yo, Waqanki III se expone en mi propio espacio en Leipzig. La comencé el verano pasado y, desde entonces, nos hemos transformado juntas. Ha sido un espejo del tiempo: una sumatoria de pinceladas, silencios y momentos que se han ido manifestando en su superficie.

Las Waqankis caen de la noche cósmica como gotas de fuego que alumbran el cielo. Cada una contiene una galaxia o una estrella, y todas convergen en el alba —en el horizonte— para formar un océano: un planeta hecho solo de agua que, en mi mente (y quizás por mi obsesión con el mar), es un útero cósmico y la creación misma. 

El horizonte de Waqanki guarda naranjas pastel en su centro, amarillos y rosados que luego se funden en el turquesa y el cian del cielo profundo. Siempre quise pintar el horizonte al amanecer o al atardecer; ahora entiendo que Waqanki contiene ambos tiempos en su ser: un alba eterna. 

Varias amigas —entre ellas Diana y Himeno, mi vecina en Jena y mi nueva amiga japonesa— sintieron que las Waqankis emergían del océano hacia el cielo, como almas que ascienden a la noche cósmica y viajan en ella. Me gusta esa lectura. Le otorga a la obra una dirección inversa, un “como es arriba es abajo”. Abre una multiplicidad de perspectivas que dependen del lugar desde donde cada quien sitúe su imaginación.

Waqankis caen, ascienden, habitan el umbral. Su movimiento es circular. Desde y hacia la noche cósmica. Desde y hacia el alba.