Una vez leí un cuento escrito por James O'Brian — un escritor americano enviado a combatir en la Segunda Guerra Mundial, donde murió siendo muy joven, quizás de mi edad en ese entonces. Ese hermoso cuento se llamaba "The Diamond Lens" y lo encontré en un libro viejo que mi papá heredó de mi abuelo. Estaba aburrida en casa de mis padres y comencé a buscar "un título interesante" en esa pequeña biblioteca.
La historia era sobre un biólogo obsesionado con sus numerosas investigaciones a través del microscopio — siempre quería ir más lejos, saber más, tener el lente más poderoso del mundo. Así terminó colocando un lente de diamante en su microscopio. Un día puso una gota de agua sobre su portaobjetos y, sin saber la belleza extraordinaria que estaba a punto de ver, se enamoró de una mujer que vivía dentro de esa gota de agua. Todo su mundo era armonioso, de movimientos suaves, con una manera tan espléndida de existir que su propio mundo le pareció abrupto, tosco, caótico. Y cuando volvió de ese paseo por su mundo rugoso, ¡la gota de agua se estaba evaporando! Todo se volvió turbulento y feo — esa destrucción lo hizo perder la razón por completo.
Creo que esta es la manera en que yo no perderé la mía, después de perder uno de estos granos.