La Flor de la Sangre · Acuarela · Carolina Villegas Martínez

“La Flor de la Sangre”

Acuarela sobre papel de algodón

36 x 48 cm

2025

La flor de la inmortalidad · Acuarela sobre papel de algodón · Carolina Villegas Martínez

“La For de la Inmortalidad”

Acuarela sobre papel de algodón

18 x 24 cm

2025

El lirio del tigre · Acuarela sobre papel de algodón · Carolina Villegas Martínez

“El Lirio del Tigre”

Acuarela sobre papel de algodón

18 x 24 cm

2026

La Chispa · Acuarela sobre papel de algodón · Carolina Villegas Martínez

“La Chispa”

Acuarela sobre papel de algodón

18 x 24 cm

2025

Mil y un galaxias en Waqanki · Acuarela sobre papel de algodón · Carolina Villegas Martínez

“Mil y un Galaxias en Waqanki”

Acuarela sobre papel de algodón

18 x 24 cm

2025

El ciclo en una gota · Acuarela sobre papel de algodón · Carolina Villegas Martínez

“El Ciclo en una Gota”

Acuarela sobre papel de Algodón

18 x 24 cm

2025

Ala de ángel · Acuarela sobre papel de algodón · Carolina Villegas Martínez

“Ala de Ángel”

Acuarela sobre papel de algodón

18 x 24 cm

2025

Ololiuqui · Acuarela sobre papel de algodón · Carolina Villegas Martínez

“Ololiuqui”

Acuarela sobre papel de Algodón

18 x 24 cm

2025

Mariposita blanca convirtiéndose en jaguar · Acuarela sobre papel de algodón · Carolina Villegas Martínez

“Mariposita blanca convirtiéndose en Jaguar”

Acuarela sobre papel de algodón

18 x 24 cm

2025

Fuí al parque de la ciudad y me senté donde los insectos cantaban más fuerte, y los pastos se encontraban crecidos y abundantes. Flores pequeñas de colores magenta, morado y amarillo buscaban su paso entre los pastos compitiendo por la luz. Extendí allí mi manta, era verano y me acosté mirando al cielo. Unas motas como leve algodón, volaban al viento cargadas de millares de semillas. Su vuelo poseía una armonía caótica, cayendo suavemente sobre los prados como copos de nieve en pleno verano. Entre los altos pastos, oculté mi desnudo cuerpo del sol para pintar una begonia de prado que se encontraba frente a mí. Ella, con sus violetas iridiscentes, me llamó. Me pareció ver en ella una formación cósmica, y un órgano andrógino verde limón emergiendo entre las violetas venas de sus pétalos. 

Ese día, aquella begonia despertó en mí la idea de estudiar los centros en la naturaleza. Entrar y ver en lo más íntimo de ella, ubicada sobre ella, con la perspectiva de la mariposa o la abeja, atraída por su sensual centro expandiéndose como una galaxia o la explosión de una estrella alrededor mío.  

Ese verano del 2021 volví a pintar al óleo y pensé que esta serie, sería un encuentro con la divinidad en todas su formas, quizás no sólo en el mundo vegetal sino también, en el animal. Aquella Begonia de prado que una tarde  tanta inspiración me regaló, a la semana  siguiente, ya había sido cortada. Ella se había ido, su cuerpo se esfumó, pero viviría eternamente en la pintura de mi alma, en el recuerdo divino de un día en la existencia. La titulé “La Genesis del Centro”.

A lo largo de esta serie, las preguntas y los hechos simbólicos surgen. Se dice que el proceso artístico es como una telaraña o un laberinto de la realidad, y que yo soy una araña que construye una red de sentido en la cual cazar las señales del presente. Poco a poco me di cuenta que éste estudio de las formas del centro era también un estudio de mi propio centro, de la rotación sobre mi propio axis mundi y su entendimiento del cosmos exterior e interior. 

Cada flor o animal que pinto revela no sólo la inextricable conexión del microcosmos y el macrocosmos, sino también la memoria de un momento: un lugar, un acontecimiento, la pregunta sobre nuestro lugar en la existencia, sobre si estamos condenados a contemplar y entender la naturaleza exterior y física nada más, tan efímera como nuestro cuerpo y el cuerpo de una flor en el tiempo del universo. O sentirla y verla reflejada en nuestro interior, en nuestra propia historia, latente como los átomos del cuerpo, un cuerpo que contiene más átomos que cantidad de estrellas en el Universo. Y así, cada vez que decido pintar algo específico con la intención de contemplar su belleza cósmica, éste a su vez se desenvuelve en mi vida cotidiana de forma simbólica, descubriendo un punto nodal en la telaraña de la consciencia, el presente y el proceso artístico. 

The Minotaur of the early Cretan Myth was named Aterior, synonyms with Aster, “Atar”. He was “bull and star at the same time”. The ultimate elevation of Dionysus and Ariadne, as a divine couple appearing in unmaimed, celestial, human form in the night sky, suggests that the universe is the Labyrinth and in imagination it is possible to inhabit it
— "Juniper Fuse/ Upper Paleolithic Imagination and the Construction of the Underworld". Clayton Eshleman